Enseñar teatro 3: Lugares y espacios para el aprendizaje del teatro

El teatro con niños y adolescentes se lleva a cabo generalmente en los centros de enseñanza correspondientes, y rara vez se utiliza como actividad extraescolar por las familias, aunque puede darse el caso en el asociacionismo vecinal y otros.

Es evidente que para la primera acepción de teatro, aquella que lo trata como género literario y como práctica lectora, sólo será necesario contar con una buena biblioteca de obras dramáticas y de teoría teatral y un aula común. Se trata en este caso de impartir clases de literatura especializada en un único género; es decir, se trata de un trabajo intelectual que contaría con el espacio propio de este tipo de trabajo y con los recursos habituales, que pueden ir desde el libro de texto, el libro de lectura, los apuntes, la pizarra y la tiza, hasta las más modernas tecnologías de la información y la comunicación.

Si vamos a llevar a cabo la segunda opción, es decir, formar buenos espectadores para el teatro, no es un aula exclusivamente, desde luego, el lugar oportuno, sino que el aprendizaje como espectadores se tiene que llevar a cabo sobre todo en los lugares donde se representen las obras teatrales, sea en un teatro convencional, en un espacio alternativo o en la plaza pública; el aula sólo puede servir como lugar de reflexión previa y posterior. Horarios y lugares condicionarán la asistencia, según el grupo al que se refiera la actividad. No será nada problemático en grupos de adultos, sean profesionales o vocacionales, que sólo estarán condicionados por sus circunstancias y obligaciones personales; su autonomía personal les permitirá desplazarse y disponer de horarios. Sí serán actividades condicionadas, y más cuanto menor sea la edad, cuando hablamos de escolares, tanto de Primaria como de Secundaria, que se encuentran en una banda de edad tan amplia, dentro de la minoría de edad, como entre los tres y los dieciocho años. En estos casos, la asistencia al teatro será tratada siempre como actividad complementaria o extraescolar, y los desplazamientos se realizarán de modo organizado y vigilado, generalmente en horarios lectivos, salvo algunas excepciones, lo cual dificulta la asistencia a espectáculos escénicos habituales, que suelen darse en horario vespertino o nocturno. Será necesaria entonces una cuidadosa organización y un número suficiente de adultos responsables que se ocupen de la seguridad y comportamiento del grupo. Con frecuencia cada vez mayor, ciertas asociaciones y grupos de teatro ofrecen funciones para jóvenes y niños con una organización eficaz y con adecuación a la edad e intereses. Dependiendo de las condiciones, por lo general, los jóvenes y niños suelen tener un comportamiento atento en el teatro, pues, acostumbrados a lo virtual del cine, la televisión y el ordenador, el aquí y ahora del teatro les resulta atractivo e interesante. De todos modos, su comportamiento depende en muchos casos de la emoción transmitida y de la calidad de la obra que se les ofrece.

Sea como sea, quien pretenda enseñar el teatro desde el punto de vista del espectador, tendrá que permanecer muy atento e informado sobre la actividad teatral de su ciudad y entorno general, e incluso de lugares más alejados a donde se pueda acudir como pequeño viaje de estudios y actividad extraescolar.

El tercer caso, el del entrenamiento y práctica escénica, es el más complicado en cuanto a los espacios necesarios para llevarlo a cabo. Por una parte, es necesario un espacio específico y adecuado para el entrenamiento continuado, con las características de un gimnasio y con alguna dependencia para almacenar el material que se utilice. Para los trabajos de mesa, lectura y organización, puede servir este mismo espacio o un aula cualquiera. Para los ensayos, proceso de puestas en escena y montaje, y representaciones convencionales, se tendrá que usar algo lo más parecido a un teatro, un salón de actos o sala de usos múltiples, con tarima o tablas elevadas como escenario, y división del espacio en escena y sala, o sea, los espacios correspondientes al público y a la representación. Sin embargo, en realidad, una acción teatral puede ser llevada a cabo en cualquier espacio, cuando no tratamos de que sea ajustada a las convenciones teatrales tradicionales, de modo que un jardín, una plaza, una pista deportiva, un pasillo, un vestíbulo amplio, cualquier espacio despejado puede ser utilizado para una acción teatral o una representación.

Cuando se trata de jugar al teatro con niños muy pequeños, todos los rincones y espacios del aula o del patio de recreo pueden convertirse en escena. El aula, despejada previamente, es también un buen lugar de ensayo y entrenamiento cuando el grupo no es muy numeroso, pero algunos centros de Primaria disponen de sala de psicomotricidad o de música, espacios muy adecuados para llevar a cabo actividades que están globalmente integradas como movimiento, ritmo y palabra. Cuando los alumnos son algo mayores, el aula ya no puede ser el único lugar de trabajo, sino que un espacio amplio cubierto o al aire libre, cuando el tiempo lo permite, o una sala de usos múltiples con tarima y un equipo de música se vuelve imprescindible para entrenamientos, ensayos y representaciones.

Si un centro educativo imparte el bachillerato de Artes Escénicas, que inicia a los alumnos profesionalmente en el teatro, junto con la danza y la música, aparte los espacios informales que pueden ser utilizados en muchos casos, precisaría de un salón con escenario y equipo de iluminación para ensayos y representaciones; además debería contar con un espacio de entrenamiento y práctica. Lo ideal sería contar, aparte el salón de actos o sala de usos múltiples para la representación, con un aula específica para teatro, expresión corporal y danza, que dispusiera de un pequeño escenario iluminado con un par de focos y dotado de un sencillo equipo de música, unas gradas y un espacio amplio y con espejos, con un pequeño almacén anejo para guardar el material; en su defecto, el gimnasio puede cumplir esta función, aunque tiene el inconveniente de la excesiva resonancia acústica de estos espacios y la incompatibilidad frecuente con los horarios de educación física.

En las Escuelas de Arte Dramático y en centros especializados en general en la enseñanza del teatro, los espacios no representan un problema, como es lógico, pues cuentan con los espacios adecuados a su fin, aulas y dependencias pensadas para el teatro y para su enseñanza, además de con un auditorio o teatro permanente, dotado de todo lo necesario. Los grupos vocacionales, por su parte, lo tienen siempre más difícil, pues tienen que contar con apoyo institucional para su funcionamiento o con iniciativas privadas voluntaristas. No suele ser ésta, la del espacio, la menor de sus dificultades. El teatro de vocación o de aficionados no suele estar lo bastante protegido y promocionado.

 

~ por Fuensanta Muñoz en 13 diciembre 2010.

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