Citas comentadas 3: Ortega y Gasset

ortega

A lo que parece, el Teatro consiste

en una combinación de

hiperactivos e hiperpasivos.

Ortega y Gasset

Cuando Ortega y Gasset utiliza el término Teatro con mayúsculas, se refiere lógicamente a la idea, el concepto más excelso de Teatro como representación escénica. Nosotros vamos a extenderlo un poco y en ese ideal de Teatro podríamos incluir sin problemas todas las Artes Escénicas.

Al hablar de hiperactivos e hiperpasivos, Ortega no hace sino reconocer la dualidad fundamental de cualquier Arte Escénica. Hiperactivos son los que actúan continuamente, sin detenerse, siguiendo un plan preconcebido. Hiperpasivos son los que permanecen quietos, inactivos aparentemente, sentados y expectantes ante la frenética actividad de los hiperactivos. Esa dualidad no es otra que la de los actores -o artistas en escena- y el público, las personas que han acudido con la intención de asistir precisamente a esa incesante acción que se desarrollará ante sus vista. Aparentemente es así: el público contempla, y sin su contemplación, sin su “hiperpasividad” no habría arte en la escena, y los artistas actúan ante ellos, y tampoco podría existir el público sin su “hiperactividad”.

Podríamos discutir ambas ideas. El público está silencioso -la mayoría de las veces- y sólo manifiesta su gusto o disgusto al final de la función, con ruidos diversos ya convencionales. El público está quieto en su asiento. Dice un refrán que el actor que no mueve los corazones, mueve los culos. Mala cosa es que el público se mueva mucho y dé vueltas en su asiento sin parar. El público, sin embargo, no está inactivo. Su actividad es meramente intelectual y emocional, por lo cual no es advertida externamente. Hay que exceptuar los casos de algunas artes escénicas en las que a veces se pide la colaboración del público, individual o colectivamente -circo, cabaret, algunas obras teatrales vanguardistas- y por lo general la actividad que lleva a cabo el público es receptiva, o sea, recibe una serie de estímulos intelectuales, sensoriales, sentimentales y en definitiva estéticos, y reacciona interiormente a ellos. Es un proceso de interiorización que sólo encuentra salida de modo colectivo en los aplausos o en el silencio tenso, o en los abucheos directamente.

Mientras el público permanece en ese proceso de interiorización receptiva, los actores viven su papel en escena, convertidos en quien no son, pero con total entrega y con mejores o peores resultados según su talento y preparación. Su hiperactividad es cierta por completo. Incluso en el caso de que su papel sea silencioso o de escasas intervenciones, un buen actor nunca está fuera de su papel, no abandona mentalmente el escenario ni las acciones de los demás actores. Su escucha y su actitud es siempre activa. Y aún más, no sólo tiene que percibir qué ocurre en escena, sino incluso qué ocurre en la sala, el espacio que ocupa el público. No quiere decir que esté pendiente de las incidencias de la sala, sino que tiene que percibir la energía que de allí dimana hacia el escenario. Su hiperactividad tiene que llegar hasta ese punto, si es un actor verdaderamente preparado y entrenado. Todo lo dicho acerca del actor es igualmente verdadero para el bailarín, el cantante o el músico. Ellos, los hiperactivos, trabajan para unos hiperpasivos, aunque no tanto, según hemos visto.

~ por Fuensanta Muñoz en 14 octubre 2009.

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