Un día especial

Siempre cerca del Conde

Hay días especiales. Lo son porque todo sale bien o porque todo sale mal, o porque no se sabe muy bien qué hacer. Hoy ha sido un día de estos últimos. No es culpa nuestra, porque teníamos planeado un juego dramático al que habíamos llamado “Baile en la corte imperial”. Todas las chicas y los chicos (sólo tenemos tres) se habían traído sus adminículos y sus ropas para desarrollar la improvisación colectiva, pero…. No había espacio donde hacerlo. Resulta que es la Semana de la Ciencia en el Instituto y gimnasio y salón de actos estaban ocupados. De pronto nos convertimos en nómadas en busca de un espacio. Cuando tal cosa ocurre, nos vamos al Conde. Es una pequeña glorieta en el jardín del Instituto presidida por la estatua del Conde de Floridablanca. El ilustrado siempre nos ofrece, si hace buen tiempo, su sabia protección. Menos mal. Pero, entonces, ¿qué hacer? Otra cosa, naturalmente. Nos planteamos preparar allí mismo una pequeña acción teatral para el recreo del miércoles próximo, una especie de performance colectiva. Comenzamos por relajarnos, respirar y concentrarnos, todos en círculo bajo la atenta mirada del Conde. Luego, cada uno se va a un rincón a encontrar un sentimiento propio que le nace en el centro del estómago, al ritmo de la respiración. Cada uno adopta la actitud corporal con la que expresa su sentimiento. Nos movemos, nos miramos. Finalmente, expresamos nuestro sentimiento con palabras. Una parte se sitúa en los sentimientos de amor y de ausencia. Otra parte expresa la confusión, la indecisión y la frustración de expectativas. Sólo en el apoyo del grupo ambos sentimientos pueden ser entendidos y tratados. Inventamos un proceso de acercamiento de unos a otros, hasta formar grupo. Hay un objetivo, el cual visualizamos en las ramas de uno de los árboles, bien alto. No podemos alcanzarlo. Lo intentamos todos, con las manos extendidas, con los cuerpos tensos, pero no lo alcanzamos. El grupo murmura, susurra, agachados, rabiosos, enfadados. Se reúnen de nuevo. Alguien tiene que ser alzado para alcanzar hasta el objeto que está ahí. Surge una cantilena colectiva con los días de la semana. Una de las chicas aparece en alto, elevada hasta las ramas del árbol y recoge el objeto. Al bajar lo va ofreciendo a todos los compañeros y compañeras, quienes lo transforman en lo que ellos desean. Después, cada uno se vuelve a su rincón, a recoger de nuevo su sentimiento, ahora ya transformado en otra cosa. Inmovilidad, quietud, concentración,

Ahora falta algo. Sonorizar con nuestras voces el movimiento. Vamos creando los sonidos individuales según nuestro sentimiento, los unimos todos. Al formar grupo se convierte en un sonido unánime, abierto, con bruscas paradas que expresan la imposibilidad de alcanzar lo que se quiere. Luego la cantilena de los días de la semana, con sensación de tiempo compartido. Siseo al retirarse a cada punto de reflexión.

El profesor de Comunicación e Imagen se asoma a la ventana del taller y nos promete un cartel para anunciar la actuación del miércoles próximo. Lo harán los compañeros que no están en esta optativa. Muchas gracias, Paco.

En clase de Lengua, se nos ocurre que Ángel, que toca la flauta travesera, nos ponga un fondo musical acorde con nuestros sonidos. Quedamos para ensayar mañana con la flauta. Gracias, Ángel.

Ya contaremos cómo haya salido todo al final.

~ por Fuensanta Muñoz en 9 febrero 2011.

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