Concepto de público en Artes Escénicas

Concepto y tipología del público en Artes Escénicas

Según Ortega y Gasset, el teatro, y en general las Artes Escénicas, parecen estar formadas por una dualidad: los hiperactivos y los hiperpasivos. La primera curiosidad en cualquier espectáculo es que hay un grupo humano amplio que está absolutamente quieto, pasivo, y un grupo humano, más reducido, que actúa ante esos otros. Ortega habla de hiperactivos refiriéndose a los actores y artistas de cualquier espectáculo escénico, y de hiperpasivos, refiriéndose a ese grupo al que llamamos público. Es completamente cierto que no puede haber teatro, ni danza, ni arte escénica, si no existe ese grupo de hiperpasivos que contemplan a los hiperactivos actores y artistas. Ambos grupos comparten un espacio común, pero organizado según una dualidad: los que actúan y los que contemplan. No quiere decir que el público sea pasivo absolutamente. Cuando un grupo humano, formado por individuos de muy diversas procedencias, asiste a un espectáculo, se producen procesos mentales y emocionales muy activos, el menor de los cuales es la crítica o valoración de aquello que se ha visto y vivido.

Si buscamos en el DRAE el significado de público, en la acepción número siete y como sustantivo, encontramos la siguiente definición:

“Conjunto de las personas reunidas en determinado lugar para asistir a un espectáculo o con otro fin semejante”.

Esta definición es amplia y genérica, pues se refiere, como se ve, a cualquier grupo humano y además no específico para las Artes Escénicas. Cuando hablamos de público en estas Artes, nos estamos refiriendo ya a un colectivo concreto, formado por individuos interesados en esa forma escénica concreta, un seguidor, una persona que ya tiene una afición, una formación, o que se inicia en ella. Por eso decimos una frase hecha: “El circo tiene su público o el teatro tiene su público”. Es decir, cada espectáculo tiene personas aficionadas y enteradas que siguen el desarrollo, la evolución, los intérpretes, los dramaturgos, que se aventuran a contemplar nuevos montajes de la misma obra y que valoran positiva o negativamente lo que ven. Es la razón por la cual los artistas antiguamente pedían al principio la benevolencia de los que ocupaban el teatro para ver una función, o la razón por la que aún se le llama el “respetable” (público), pues esas personas han hecho el esfuerzo de acudir a un lugar determinado y han pagado su entrada para ver algo interesante y entretenido.

Hay que distinguir en nuestros días el concepto de público y de espectador. Un espectador es alguien que acude a un espectáculo público; en realidad, es un concepto más amplio que el de público, pues espectador se puede ser incluso ocasionalmente. Implica también una actitud más pasiva, pues el espectador mira por el hecho de mirar. La televisión y el cine tienen espectadores; el teatro, la danza, el circo, y otras artes escénicas tienen público.

Las diferentes clases de público están en función de varios factores que intervienen en la formación de un grupo más o menos homogéneo de personas que acuden a ver una función o una representación. Por ejemplo, cuando se trata de una representación callejera, el público no es especialmente seleccionado, pero es cierto que quien se para a contemplar tiene interés y curiosidad. Hay un público culto e ilustrado y un público menos cultivado, que en caso de que acudan a una representación elegirán diferentes formas escénicas. También la edad y la preparación previa determinará el espectáculo que se elija, así como la clase social y económica. No es el mismo público el que frecuenta la ópera que el que acude a una comedia musical. Sólo gente muy interesada acudirá a un teatro experimental y de vanguardia, donde quizás la participación esté alentada por el tipo de representación.

Las motivaciones para acudir y aficionarse a un espectáculo escénico son también muy variadas, y pueden confluir varias a la misma vez. Algunos de estos podrían ser los siguientes:

  1. El afán de cultura y aprendizaje, para el cultivo de la sensibilidad.

  2. La distracción y la evasión.

  3. El sentimiento de pertenecer a un grupo determinado.

  4. La celebración y la fiesta, a veces de carácter religioso o cívico.

En cualquier caso, lo que está absolutamente claro es que sin público no existen las Artes Escénicas, pues su esencia está precisamente en esa dualidad que señalaba Ortega y Gasset y que hace que los espacios destinados a la representación presenten dos zonas bien determinadas, aunque determinadas formas teatrales hayan producido ocasionalmente una ruptura.

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~ por Fuensanta Muñoz en 6 octubre 2009.

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