Artes Escénicas en Occidente

Artes escénicas en Oriente y Occidente

Los orígenes comunes

En todo el mundo, el teatro y, en general, las Artes Escénicas tienen algo en común: su base antropológica, que en su origen es mágica y más tarde religiosa.

Los pueblos primitivos usan la representación -danza y teatro, en sus formas primitivas- para conjurar aquellos elementos necesarios para la supervivencia del grupo, así como la música para la relación con los dioses totémicos, que al fin no son sino elementos naturales: animales, astros, aguas, etc. La imitación de la naturaleza, que es sagrada, está en el origen de todas estas artes; la imitación se produce como un medio mágico de apropiación o dominio, o en muchos casos para atraer la benevolencia de los seres considerados más poderosos. De modo que podemos decir que estas artes nacen como una necesidad de conjurar las fuerzas naturales por imitación y adoración.

Más tarde, cuando están consolidados los mitos religiosos, los grupos humanos representan para conmemorar las teofanías, las cosmogonías y las hagiografías, es decir, las apariciones de los dioses ante los hombres, las distintas versiones de la creación del mundo y las vidas de los santos, los avatares y los grandes creadores de religiones.

Sin embargo, la evolución posterior de estas artes depende de la propia evolución histórica de cada nación o grupo humano. Así encontramos diferentes formas evolutivas en Oriente y Occidente, de modo que estas dos tendencias se diferencian claramente.

Teatro occidental

El teatro occidental más antiguo conocido es el teatro griego, que nace de las representaciones agrícolas y concretamente de la cosecha de la uva y de la elaboración del vino, con fiestas en honor de Dionisos, dios telúrico que nace, muere y resucita, como un símbolo de la vegetación. Los vendimiadores celebraban estos rituales de representación sobre los mismo carros en los que recogían los frutos y manchaban sus rostros con las heces del mosto que se convertiría en vino. La complicación de argumentos, la extensión a la representación de otros mitos, el perfeccionamiento de ciertas convenciones escénicas, como la máscara, el coturno, la túnica, etc., y la institución ciudadana de la representación teatral en determinadas fiestas religiosas, hacen evolucionar estas representaciones hasta los términos históricos que conocemos como teatro clásico griego, que luego copiarían los romanos, y que desapareció con la caída del Imperio Romano, guardando largo siglos de silencio. Se supone que este teatro griego no se limitaba a la palabra, sino que la música y la danza formarían parte importante de la representación. En sus orígenes el teatro va asociado necesariamente a estas otras dos artes.

Un nuevo nacimiento del teatro tendría lugar paulatinamente en el cristianismo medieval, donde los textos sagrados, como el Evangelio, al ser textos narrativos y dialogados, darían lugar a una interpretación a varias voces en la que se fue introduciendo lentamente la caracterización de personajes y el reparto de papeles cada vez más amplio. El proceso de secularización llevó estas representaciones primero al atrio de la iglesia y más tarde a la plaza pública, de modo que se pudo empezar a representar argumentos cada vez más secularizados. Restos de este teatro primitivo religioso encontramos en las Pasiones, Autos de Navidad y Reyes, representados aún en algunos pueblos europeos. Música, danza y pantomima podrían formar parte de la representación sin ninguna duda.

Con el Renacimiento europeo, está consolidado ya un teatro de tema religioso y otro popular de tema profano, pero la aparición de cortes, tanto en ciudades estado, como en Italia, como en monarquías absolutas, cada vez más poderosas, como la corte española de los Reyes Católicos, hacen nacer un teatro culto de tipo cortesano. La conjunción de estas tres formas y la necesidad de usar el teatro con fines propagandísticos de la Corona y de ciertos valores burgueses, hace nacer el llamado teatro isabelino inglés, el teatro del Siglo de Oro español, y un poco más tarde el teatro clásico francés, que ofrecen a la historia del teatro y de la literatura dramaturgos geniales como Shakespeare, Lope de Vega, Calderón y Moliére. Tampoco en estos casos queda desvinculado el teatro de la música y de la danza como formas complementarias de expresión dramática. El teatro popular convive también con formas refinadas de teatro cortesano, donde la música y la danza tienen una mayor importancia aún.

El siglo XVIII trata de revivir las formas supuestamente clásicas del teatro de Grecia y Roma, pero algo antes se produce un fenómeno novedoso: la aparición de formas dramáticas musicales, provenientes de los teatros cortesanos, con gran lujo de tramoya y recursos escénicos, iluminación, lujosos vestuarios y actores que cantan y no sólo interpretan: es el nacimiento de la ópera y otras formas dramáticas musicales.

A partir de este momento entramos en una evolución rápida de las formas y géneros dramáticos, según la evolución cultural, social y política, y según la evolución de las artes plásticas y otras artes. Los géneros se separan formalmente y se configuran como formas escénicas con sus propias convenciones a lo largo del siglo XIX. Nunca el teatro abandonó la música como un elemento de apoyo al desarrollo de las obras, pero se reserva su preponderancia para los llamados géneros musicales; la danza se independiza también en el siglo XIX como una forma escénica con sus propias características y lenguaje y continúa su evolución hacia las formas vanguardistas del siglo XX, con la consolidación de las formas del ballet clásico y la aparición de la danza contemporánea, así como la representación musical, tanto en su formas populares como cultas. El siglo XX presentará la mayor revolución en las formas teatrales, con una evolución muy rápida y la conexión entre los diferentes géneros escénicos, así como la creación de otros absolutamente novedosos. En su desarrollo influirán poderosamente la renovación artística de principios del siglo XX y las formas vanguardistas surrealistas, dadá y futuristas. Cobra una gran importancia la interpretación actoral y la dirección de escena, perdiendo protagonismo el texto dramático. La llamada comedia musical alcanza un gran éxito y los restantes géneros musicales consolidan sus formas y convenciones.

Lo que caracteriza a las artes escénicas occidentales es sobre todo la libertad creativa, la aceptación de diversas posibilidades y la importancia de los creadores individuales, de los dramaturgos y directores de escena.

~ por Fuensanta Muñoz en 6 octubre 2009.

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