SOLEDAD

Soledad

Pedro de Miguel

Le fui a quitar el hilo rojo que tenía sobre el hombro, como una culebrita. Sonrió y puso la mano para recogerlo de la mía. Muchas gracias, me dijo, muy amable, de dónde es usted. Y comenzamos una conversación entretenida, llena de vericuetos y anécdotas exóticas, porque los dos habíamos viajado y sufrido mucho. Me despedí al rato, prometiendo saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarnos un café mientras continuábamos charlando.

No sé qué me movió a volver la cabeza, tan sólo unos pasos más allá. Se estaba colocando de nuevo, cuidadosamente, el hilo rojo sobre el hombro, sin duda para intentar capturar otra víctima que llenara durante unos minutos el amplio pozo de su soledad.

Este cuento lo estamos utilizando a partir de hoy para realizar improvisaciones y poner a prueba nuestra capacidad de adaptación de una historia narrada a una historia representada.

El cuento contiene un elemento visual simbólico que es el hilo rojo, estrategia para vencer la soledad del protagonista, puesta al descubierto por el otro personaje, que en el cuento es el narrador. Esta figura, como tal narrador, se vuelve innecesaria en la dramatización, puesto que los que contemplen la acción verán al final cómo el protagonista vuelve a ponerse el hilo rojo en el hombro en busca de un nuevo interlocutor. En nuestras improvisaciones no aparece el hilo rojo físicamente. Creamos el hilo rojo con la palabra y con el gesto. Sobre este elemento dramático habrá que hacer hincapié: decirlo claramente, darle peso dramático, comentar el hecho de que el protagonista lleva un hilo rojo en el hombro. Las frases deben ser las comunes en estos casos: “Llevas un hilo aquí, ¿te has dado cuenta?”, “Ay, mira qué hilo llevas aquí”, “¡Qué hilo tan rojo llevas!”, y otras formas de llamar la atención que se nos ocurran. El comentario se impone. El protagonista tendrá que explicar por qué cree que lo lleva, dónde ha estado, qué ha hecho, para que ese hilo se le haya pegado a la ropa, y ese será el punto de partida de la conversación. Habrá que investigar y profundizar en las razones de su soledad. ¿Es culpable de ella? ¿Es una victima del destino? Y el otro personaje, ¿se alejará de él por esas razones o por egoísmo? ¿Qué le lleva a dejar a su nuevo conocimiento otra vez solo?

Todo esto lo tenéis que pensar y traducirlo a gestos, movimientos y palabras.

El espacio en el que se desarrolla la mínima acción queda a vuestra elección libre: un espacio público cualquiera donde sea posible ese encuentro.

~ por Fuensanta Muñoz en 12 noviembre 2008.

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