Teatro medieval

 

En los comienzos de la Edad Media no existe prácticamente el teatro. Desde luego, no existe un edificio destinado a esta función; los teatros construidos por griegos y romanos son restos arqueológicos sepultados bajo tierra y maleza. Los escenarios para los inicios de los dramas sacros son las iglesias y las catedrales. Solamente estaba permitido representar el misterio religioso. Con fines religiosos se utilizaron dramatizaciones de relatos evangélicos y bíblicos en el marco solemne de las iglesias y con los ropajes eclesiásticos; a estos ropajes se les van añadiendo elementos identificadores de los personajes que intervenían en esos relatos: alas, coronas, capas, etc. Los clérigos más jóvenes interpretaban los papeles femeninos. Las primeras representaciones con algo más de complejidad fueron los Autos de Navidad, donde había mayor participación del pueblo. Un ejemplo espléndido conservado de teatro medieval, hoy designado como Patrimonio de la Humanidad es el “Misterio de Elche”, sobre la Asunción de la Virgen; aún se representa tal y como era en su tiempo.

Resumiendo, el teatro renace en la Edad Media de la representación de los misterios religiosos, tal y como hiciera dieciocho siglos atrás en Grecia.

Existían también espectáculos de bufones y juglares, que combinaban el relato con la poesía lírica, la música y la acrobacia, procedentes de los personajes cómicos del último teatro romano. En Francia, el autor más antiguo conocido es Adam de la Halle, que escribe y representa farsas populares de raíz juglaresca. Junto a estas farsas, encontramos también las llamadas “moralidades”, de carácter didáctico.

En Inglaterra iban por las cortes, posadas y plazas públicas los llamados “fools” (locos), bufones juglarescos, y los gremios celebraban a sus patrones con la representación púbica de vidas de santos sobre tablados provisionales, mientras en las cortes se representaban las llamadas “masks”, o sea, mascaradas, acompañadas de música y baile.

También Alemania conoce estos tímidos comienzos teatrales, con los “meistersingers” o maestros cantores y la celebración de los carnavales. En Baviera se conserva una representación popular de la Pasión, que mezcla lo religioso con lo profano.

Paulatinamente, el drama sacro empieza a representarse en la calle, en la plaza pública, incorporando cada vez más elementos profanos. Estos espectáculos religiosos no eran condenados por la Iglesia ni eran excomulgados sus participantes. El público estaba formado por gente de todas las clases sociales: villanos, artesanos y nobles, incluso en ocasiones el mismo rey.

En España, Alfonso X el Sabio, en su obra legislativa de las Siete Partidas, permite expresamente que los clérigos representen pasajes evangélicos, como el Nacimiento, la Adoración de los Pastores y de los Reyes, o la Resurrección de Cristo, pero al mismo tiempo rechaza las representaciones profanas dentro de la Iglesia. El texto más antiguo conservado es anónimo, el Auto de los Reyes Magos, del siglo XII, pero el primer autor conocido es Gómez Manrique, con obras de tema religioso en los que se introducen ya elementos profanos y populares. En el siglo XV encontramos interesantes representaciones que solían hacerse en la plaza pública, llamadas “Danzas de la Muerte”,  de las cuales conservamos un texto de este último autor, si bien no completo. Se trataba de una danza en la que la Muerte personificada invitaba a bailar a individuos de todas las clases sociales y edades; se establecía un diálogo con la Muerte, en el que el interpelado se negaba a acompañarla en su baile, pero al final, inexorablemente, se unía a ella, aumentando en cada diálogo el número de danzarines. Era un modo de representar lo igualitario de la muerte, en un mundo de turbulencias sociales y políticas, de grandes desigualdades, y azotado además por la peste negra y la guerra.

Con Lucas Fernández comienza ya la representación de temas pastoriles, derivados de la Adoración de los Pastores. Escribió Églogas, que eran diálogos entre pastores en el marco de la naturaleza, en los que incorpora personajes plebeyos que hacían reír a los nobles cortesanos. En su Cancionero encontramos ocho piezas teatrales, destinadas a su representación en la corte, y es el primero que trata temas exclusivamente profanos, aunque a veces los sitúe en lugares o circunstancias relacionados con lo religioso.

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~ por Fuensanta Muñoz en 22 noviembre 2009.

2 comentarios to “Teatro medieval”

  1. En primer lugar darte las gracias por este blog. En segundo, quizas recomendarte un libro muy interesante (que igual ya conoces) si en tus clases hablais sobre la evolucion historica del teatro: Histoire du theatre illustree. El autor (que desgraciadamente murio hace unos años) fue un apasionado del teatro y de su historia, y sobre todo un observador respetuoso de una curiosidad contagiosa: Degaine. Gracias.

  2. Gracias, Sofía, por tu recomendación, y gracias también a ti por el aprecio que haces de este trabajo. Buscaré ese libro, porque la verdad es que no lo tengo ni lo he leído. He consultado mucha bibliografía, pero no precisamente ese libro. Un saludo muy cordial.

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